| Con
sabias palabras, mezcladas,
tomamos tu amarga bebida.
Y al tiempo quedamos tan ebrios,
que el sueño nos deja rendidos.

Bebemos despacio tu néctar,
de flor enredada y de olivo.
Y con ellos vamos, deshojando,
el final de un largo camino.

La barca del tiempo, a la orilla,
amarras con cuerdas de lino.
Y esperas tranquila la hora,
que en ella se embarquen contigo.

No admites tardanza a tu encuentro.
Ni dejas descanso, ni olvido.
Impregnas despacio, con sombras.
Y acortas con ella el destino.

Observas despacio la vida,
y dejas creer que no existes.
Asaltas de pronto, y asestas,
la daga que cargas contigo.

Reflejas la angustia, en nosotros.
El rostro marchito y dolido.
Anegas del todo el presente.
Y niegas el tiempo vivido.

Descubres la infame agonía,
y llagas contigo el camino.
Rodeas con brazos de acero,
y en ellos quedamos dormidos.
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