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| - Este poema está debidamente registrado
por su autora - |
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| Impuesta,
a martillazos,
la cordura.
Reniego del verbo
imperativo.

Pues nunca negociaron,
con mi alma.
Beber con la sabia
del sentido.

Decir que el viento,
me suspende.
Y la mar, es sólo mar,
cuando la miro.

Incita ciegamente,
a revelarme.
Negando pensamientos
inhibidos.

No saben que mi alma,
no es blindada.
Y mira más allá
del contenido.

Para mí, el viento,
es ave blanca.
Que anida por la noche
en soportales.

Y el mar, es un sendero,
rodeado.
De arboledas, amapolas,
y trigales.
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 ©Maria
del Carmen Abreu Delgado
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Música:

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