| Oh,
tristeza mía.
De mi viaje, compañera.
Quién de tu sable pudiera
en bien curar esta herida.
Que ha de cerrar sólo muerte,
y que abierta, tengo en vida.

Oh, tristeza mía.
Que contigo no hay holgura
que en el alma en compostura
deje trecho a la alegría.
Pues es la agonía en espacio
prioritaria en su cabida.

Oh, tristeza mía.
Cómo de ti desprenderme
para poder yo valerme
sin que tu ansia devore.
Pues a ti asida, soy ocaso.
Que ensombrece los albores.

Oh, tristeza mía.
Que en sintonía me tienes.
Si la muerte es que conviene
para poder liberarme.
Que me entreguen su estilete
para poder desatarme.
|