| La
tarde.
Gris perlada.
Se asomó a mi ventana.

Sin permiso, ávida,
se acomodó en mi alma,

Recorrió sin prisas,
cual si la esperara,
el espacio infinito
de mis esperanzas.

La tarde.
Rodeada de silencios,
deslumbró mis ojos
y en la estancia,
conversó conmigo.
Y yo con ella,
perdí el sentido.

Me tomó en sus brazos.
Rasgó las vestiduras.
Y desnudó mi mente.

Me entregué.

La tarde me enloqueció
o yo enloquecí con ella.

Lo supe al llegar la noche.

La tarde.
De mirada triste.
Se asomó a mi ventana.
|