| Llegó el
jilguero a la fuente,
y presuroso bebió.
Y al ver a una niña triste,
un trino de él brotó.

Jilguero ¿ Por qué me cantas?
De ella, salió la voz.
Te canto ¿Por qué te canto?
Quisiera saberlo yo.

La niña quedó extasiada.
Y el jilguero se alegró.
Y así compartieron días,
de cariño y de canción.

Un día vino la niña.
Y en la fuente se miró.
Recorriendo la campiña,
de aquel lugar se alejó.

El jilguero tomó vuelo,
y el campo solo quedó.
Al tiempo no habían trinos.
Y la fuente, se secó.

Enmudecía la tarde.
Y en el cambio de Estación.
Volvió un día, el jilguero.
Y en el balcón se posó.

Ya no trinaba su pecho.
Ya no cantaba canción.
En sus alas, mucho vuelo.
Y en su piquillo, una flor.
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