| Nació con
la pata coja.
Y con el pico torcido.
Pero creía del corral.
El más sabio y entendido.

Sus plumas eran de nácar.
De reflejos coloridos.
Y con ellas se empavonaba.
Cantando sus desatinos.

Subido en un mugre palo.
Trono a fuerza conseguido.
Verborrea su pensar.
En discursos anodinos.

Él se considera el gallo.
Amo y dueño. Investido.
Y pregona su sapiencia.
Como suerte del Destino.

Impone su pensamiento.
Cual si fuera religión.
Y no admite controversia.
Ni cábalas. Ni opinión.

Y en su vana sensatez.
Ignorancia muy supina.
Va dejando por doquier.
Asombradas. Las gallinas.
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