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Hoy morí junto a la encina.
Junto al árbol de tiempo
henchido.
Pues mi corazón del todo,
herido.
Postrado queda y dolorido.

Hoy morí en golpe certero.
Pues la mano del destino.
Traicionero.
Arrancó de cuajo todo anhelo.

Y el sentimiento,
vida toda, en cada instante.
Al no sentirlo. Me conmueve el apartarte.
Y al saber que en el deseo
está el amarte.
No hay más consuelo
que el que impone el olvidarte.

Hoy morí.
Al vaciar de contenido
el alma mía.
Pues no hay más muerte
que eternice la agonía,
y que deje el corazón tan
conmovido.
Que la que sumerge al pensamiento
en el olvido.
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