| Al
perro pongo correa.
Y a la correa, la mano.
Y entre la mano y correa.
El hilo siempre tensado.

En el jalón, la caída.
Y en la caída el escape.
Con la correa, perdida.
Tendrá a otro que lo ate.

Si el perro no viene manso.
Que le pongan la correa.
Porque la vida. Sí muerde.
Aunque al perro no le veas.

No creas que esto es así.
Pero en cambio, es parecido.
Yo lo doy por explicado.
¡Y no sé si has comprendido!
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