| Déjame
gozar de un beso tuyo.
De tus labios, expandiéndose
en los míos. De ese impulso
- provocado y ardoroso -
que es impronta en esa llama,
a escalofríos.

Déjame, que sea mi sangre
un calor aquí - en mi boca.
Una quema de artificios
-un requiebro del sonido-
que al besarte, no sofoca.

Déjame saber de tu instinto.
El que tienes - cuando besas.
El que pienso, retenido
con tus manos, pones prieto
al desenfreno y me refrescas.

Déjame, ¡ay, déjame!
Déjame, que yo te pruebe.
Empezando por las líneas
de tus labios y siguiendo, si tú
quieres - y te atreves.

Déjame y sabrás si correspondo
a un eterno beso tuyo.
A una entrada en aposentos
-viva esencia en un encuentro-
a ornamentos de tu orgullo.

Déjame besar tus labios.
-Esa boca en la que empeño-
Ese paso emergente, a tu atadura.
Que hago mío –sólo aquí.
Aquí, ¡en mis sueños!
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