| Hacendada
fue su jaca.
Y de pico su sombrero.
Ella juega con corceles.
Y él de amores, caballero.

Fresca hiedra rezongona.
Que se asía a las paredes.
No era él, por amoríos.
Lo era ella por quereres.

Tempranillos le sembraba.
Medianera en sus campiñas.
Caballero y hacendado.
No era dueño de sus viñas.

Doblegado de albedríos.
Libertades por costumbres.
Desbordando, fue su río.
Y encendida fue su lumbre.
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